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Desintegración positiva
Alta Inteligencia Sensible
Educación Sensible
Persona altamente Sensible
Sobreexcitabilidad
by Luis Manuel Martínez Domínguez / octubre 12, 2021

Daños a la aceptación, al aprecio, a la identidad y a la confianza en las personas con alta inteligencia sensible (PAIS)

Sacado de Martínez-Domínguez, L.M. (2021) Educar la Inteligencia Sensible. EUNSA El niño ingenuo y servicial que ha llegado a la edad adolescente como el que atraviesa unas zarzas por el bosque, ve a toda persona que le comprende como un bálsamo al que se abraza sin preguntarse mucho. Las posibilidades…

Sacado de Martínez-Domínguez, L.M. (2021) Educar la Inteligencia Sensible. EUNSA

El niño ingenuo y servicial que ha llegado a la edad adolescente como el que atraviesa unas zarzas por el bosque, ve a toda persona que le comprende como un bálsamo al que se abraza sin preguntarse mucho. Las posibilidades de que al poco se vea frustrado, incomprendido, utilizado, abusado o tratado de encerrar en un micromundo intolerable para su Alta Inteligencia Sensible (AIS, Sobreexitabilidad o Capacidad Compleja), son muy grandes. Y lo que parecía un bálsamo en las heridas se convierte en un veneno que infecta.

Es el cuento del “patito feo”, vivencia que Christian Andersen conocía muy bien como Perdona con Alta Inteligencia Sensible (PAIS) que era, muy probablemente. A su alrededor no se le entiende, se le ve demasiado ingenuo, un soñador, le falta madurez, le falta experiencia. No es que las personas que acogen al PAIS sean malas, el problema es que lo que busca la PAIS no se lo pueden ofrecer y la cosa termina mal.

La PAIS se puede culpar a sí misma por considerarse una impostora que no está a la altura de sus logros y demandas. Puede dudar de su talento y pensar que son todo fantasías e inmadurez, avergonzándose de lo que vive como falsedad. Y es una pena porque si desaparece el reconocimiento de la propia AIS, se desvanece en la persona la frescura del vivir. Su interioridad pierde las alas, se encoge, se llena de temor, y no es capaz de lanzarse a nuevas aventuras. Poco a poco se va encerrando en su zona de seguridad, que no de confort, y se difumina su afán noble de hacer el bien en el mundo.

Pero la AIS no es algo que haya elegido y siempre estará tocando a la puerta de la conciencia pidiendo salir anhelando ser aceptada y comprendida. Y la situación de comodidad aprendida para ocultarse le resulta muy incómoda. Se avergüenza de vivir bien mientras otros sufren y no hace nada por evitarlo y si no regresa a la aceptación de su AIS, toda su vida tendrá que ser una justificación de su mediocridad, porque esa actitud para él es eso, mediocridad en su vida.

Mientras la PAIS no acepte su condición vivirá en una gran añoranza de autenticidad, pero desde que la retoma, recupera el frescor de la sensibilidad, gozando de la libertad que bien vale el dolor que conlleva la empatía y estar todo el día enamorado.

La autenticidad de un PAIS es la de ser un superdotado del amor y la medida que deberá tomar en su vida no es otra que la de amar sin medida.

A la PAIS se le ve buena gente, trabajadora, responsable, honrada y su capacidad de adaptación logra aparentar el modo como percibe que le van a querer. Esto hace que sea una persona apreciada y valorada. Su iniciativa, creatividad para afrontar problemas y ayudar a los demás, y su incapacidad para decir que no, le van cargando de responsabilidades que es frecuente le terminen rompiendo, si no es capaz de autogestionar su mundo emocional.

Entonces se siente como un impostor, que no sirve. Y después de haberse rodeado de tanta gente que le aprecia, será común que haya quienes intenten ayudarle, pero ignorando su AIS le transmitan el mensaje: “claro que sirves lo que pasa es que eres demasiado sensible, demasiado sentimental”. Muchas veces, la consecuencia bienintencionada suele ser la de sugerir ir al médico para arreglar lo que los educadores no han logrado hacer madurar y la formula habitual es la de neutralizar ese “exceso” de sensibilidad, intensidad, emotividad con medicación, en lugar de enseñarle a gestionarlo.

El joven que se consideraba “normal”, de pronto se considera enfermo, pero bueno, al menos es un alivio saber que existe una razón de su malestar y cara al mundo existe una explicación de su inadaptación a lo “normal”. Si con la medicación experimenta menos sufrimiento, el resultado puede ser el autoconvencimiento de: “antes sufría y ahora no. Está claro, estaba estropeado”.

Pero el cuerpo se adapta a la medicación y se entra en una etapa de equilibrismo químico mientras la conciencia de la AIS sigue tocando a la puerta. Quizás busque en terapias, mindfulness, yoga, meditación, hábitos saludables, libros de autoayudas, flores de Bach… Y procurará evitar esa estimulación que le desestabiliza, pero esa estimulación es la que le da la vida.

Puede seguir buscando, arte, teatro, danza, nuevas relaciones con grupos “gnósticos” que ofrezcan respuestas.

La lucha se intensifica entre adaptarse para ser aceptado o expresarse con autenticidad para ser aquello que le insinúa su conciencia. Pero sus problemas de seguridad en sí mismo se lo impiden: ¿es mi conciencia o mi vanidad quien me insinúa ser original? Es entonces cuando, pasados los años, puede darse la desintegración positiva[1]: una crisis existencial que hace sufrir terriblemente a la PAIS y puede llevar a una correcta integración en un nivel superior de autenticidad aportando recomposición, paz y alegría o a una angustia que le lleve al suicidio, real o psicológico. También pueden darse estados intermedios y con intermitencias.


[1] La desintegración positiva es una teoría del desarrollo de la personalidad que contempla el sufrimiento como elemento clave en la maduración personal considerando la desintegración como el paso de oruga a mariposa. La oruga se desintegra para evolucionar en el desarrollo de sí mismo.

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