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by Luis Manuel Martínez Domínguez / octubre 12, 2021

Entumecimiento emocional o desapego

Sacado de Martínez-Domínguez, L.M. (2021) Educar la Inteligencia Sensible. EUNSA Según va creciendo, el niño con AIS se abraza a la vida con intensidad y su empatía le llevará a vivir en primera persona las frustraciones y daños que viven los demás. Quizás no se sienta responsable del daño, pero…

Sacado de Martínez-Domínguez, L.M. (2021) Educar la Inteligencia Sensible. EUNSA

Según va creciendo, el niño con AIS se abraza a la vida con intensidad y su empatía le llevará a vivir en primera persona las frustraciones y daños que viven los demás. Quizás no se sienta responsable del daño, pero como “buen samaritano” que se da cuenta de que hay un herido en su camino, no es capaz de pasar de largo. Y lo que tiene la alta sensibilidad, es la capacidad de detectar heridos a muchos kilómetros a la redonda, ¿cómo gestionar tanto dolor y la impotencia de no poder remediarlo?

Esto le puede llegar a ensimismarse y desconectar de su entorno para protegerse o bien lanzarse al más frenético activismo para defender la causa justa hasta desfallecer por desgaste psicofísico.

El niño puede pasar horas de juego en solitario, un juego terapéutico en el que trata de generar las emociones y pensamientos que le recomponen. Ya de mayor ese juego puede fácilmente cambiarlo por otras fuentes de estimulación no siempre tan terapéuticas como drogas, pornografía, videojuegos, bebida, series, Redes Sociales, deportes de riesgo o cualquier otra forma de compensación que le ayude a amortiguar lo abrumador que le resulta la vida.

Ante las experiencias abrumadoras, ya sean físicas, emocionales o relacionales, según el estilo de la IS, unos pelearán, otros huirán y otros se congelarán. A todos se les enmarcará en la ansiedad, pero a los que pelean, se les verá en el marco de la impulsividad: TDAH, Trastorno Negativista Desafiante, Trastorno Disocial… Los que huyen, quizás se les enmarque en el marco del retraimiento: TEA, Trastorno de Ansiedad Social, Trastorno de Personalidad por Evitación… Y los que se congelan, se les podría poner en el marco de la tristeza: inestabilidad de ánimo, depresión…

No obstante, como empatizan con sus padres y cuidadores, muchos saben complacerles y evitar mostrar los indicios que le encasillen en el marco-problema, lo que supone una doble lucha: una de fuera hacia dentro y otra de dentro hacia fuera.

Así, la tónica más generalizada será la de interiorizar la vivencia de daño adormeciendo sus percepciones, intuiciones, emociones, pensamientos y conductas. En “modo adormecedor”, el niño ya no parece que tenga AIS, pero por dentro puede estar sufriendo una severa soledad emocional que le hace sentir vacío y entumecido: “Soy emocionalmente intenso y empático, pero no siento nada, no me interesa nadie, me siento separado del mundo y de los demás”, pero es capaz de mostrarse “normal” según los estándares de tranquilidad del mundo.

De aquí a pensar que uno está loco, solo hay una vuelta de tuerca. Si le preguntas, cuando ya es un poco más mayor: “¿eres emocionalmente intenso y sensible?” Te podrá decir que sí, pero al mismo tiempo te describirá que no. “Bueno, ¿en qué quedamos?” Si los padres, educador o asesor que habla con él no saben qué es la AIS, posiblemente tienda a pensar que tiene algún tipo de depresión o algo, que podría ser en ese momento, pero no se ha llegado a la raíz del problema y quedarse ahí, podría ser una solución a corto plazo, pero un problema mayor a la larga.

No se está tratando de banalizar la posible existencia en algunos niños de ciertos trastornos psicológicos que hay que abordar de forma adecuada. La intención es justo la contraria, que no se etiquete directamente como trastorno, del tipo que sea, el simple hecho de poseer una alta sensibilidad. Y también es cierto que la falta de adecuada educación de la alta sensibilidad puede llegar a desencadenar estados depresivos o conductas disfuncionales sobre las que habrá que trabajar, pero siempre yendo al origen.

Esa contradicción emocional interna se podría llamar “entumecimiento emocional” y es de lo más común en PAIS. Suele originarse por acumulación de heridas interiores causadas en su historia personal que tenderá a olvidar por el efecto sedante del entumecimiento, pero las heridas no se quedaron en el pasado, están en el presente, y con frecuencia, ante ciertos estímulos, “sangran” de manera inconsciente. ¿Y cómo se sabe que sangran si son inconscientes? Lo que no se ve son las heridas, pero si la “sangre”. La “sangre” es una ansiedad, un vacío que no tiene causa aparente y el modo de escapar de él puede ser lanzarse mentalmente al futuro para paladear las sensaciones que ofrecen las expectativas. Hipotecar el presente por sensaciones de futuros logros, éxitos, prestigio, importancia y utilidad para el mundo.

Pero también puede ser que la persona se meta para dentro y rumie una y otra vez su pasado, anclado en el dolor no resuelto, hasta, en ocasiones, recrearse en ideas extremas de huida del dolor y del sufrimiento (ideación autolítica). O, lo que es peor, trate de “anestesiarse” mediante sustitutos que produzcan fuertes emociones placenteras físicamente de una forma inmediata, como drogas, pornografía o experiencias extremas y contrafóbicas.

La separación de los padres, un hermano abusón, una dificultad en el aprendizaje, un padre narcisista, una madre depresiva o todo a la vez, puede ser un coctel de lo más entumecedor y frecuente desencadenante de este tipo de reacciones si no se ha aprendido a gestionar el complejo mundo emocional de las PAIS.

En ese contexto, la PAIS puede encontrar amigos con los que soltarse, pero si de pronto se ve utilizado, traicionado o burlado, seguirá acumulando aprendizajes que se enfocaran en evitar que vuelva a suceder.

Esto del “entumecimiento emocional” es algo que nos ocurre a todos los humanos e incluso lo compartimos con los animales, que cuando pasan un trauma se protegen emocionalmente. Lo que ocurre, es que en las PAIS puede mantenerse como ocurre con el asma en los pulmones. En principio es una medida de defensa, pero si la sensibilidad es muy grande, los pulmones se pueden cerrar tanto que uno se asfixia.

El colmo del entumecimiento emocional será cuando la PAIS aprenda que esto es el funcionamiento “normal” de un adulto con “madurez” que “controla” sus emociones, convirtiéndose en un voluntarista que se destroza a sí mismo y, si llega a puestos de responsabilidad, podrá sin ser ni consciente de ello, destrozar a otras personas.

La desconexión emocional puede ofrecer, en torno a los 20 años, una sensación de seudomadurez, un estado estable de bienestar subjetivo y con una fuerte voluntad, el delfín es posible que haya aprendido a comportarse como un tiburón valorado en su entorno. Hasta que descubre que todo es una falsedad y la realidad es la de ser un delfín sin Amor. El caso es que en ese estado puede estar ya hasta los 40 años o toda la vida.

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