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by Luis Manuel Martínez Domínguez / diciembre 7, 2021

Intereses y preferencias del estudiante con capacidad compleja

Queremos ayudarte al acompañamiento de los estudiantes, sus padres y sus tutores para que acierten en la vida. Puede ser útil reinterpretar la orientación vocacional de manera más amplia como vida, no solo como trabajo (Kerka, 2000).  Después de la baja efectividad de la orientación vocacional en décadas pasadas, se…

Queremos ayudarte al acompañamiento de los estudiantes, sus padres y sus tutores para que acierten en la vida. Puede ser útil reinterpretar la orientación vocacional de manera más amplia como vida, no solo como trabajo (Kerka, 2000). 

Después de la baja efectividad de la orientación vocacional en décadas pasadas, se ha tomado nota y hoy se orienta desde una perspectiva holística (Pilz y Li, 2020; El Mrabet y Moussa, 2021).

No basta con saber qué le interesa, conviene ayudarle a caer en la cuenta de por qué y para qué le interesa eso y si realmente, le interesa con madurez (Slot, Akkerman y Wubbels, 2019).

Para considerar una toma de decisiones que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona es imprescindible considerar los tres factores que determinaran la decisión: el factor personal, el factor ambiental y el tercer factor, que Dabrowski (1966) define como la autonomía para la autodeterminación, que viene a ser el “querer de corazón”, el “decidir en conciencia”.

En relación con cada factor se puede atender a los siguientes indicadores:

Te acompañamos en como conocer las prioridades del estudiante, sus intereses y sus preferencias, existen muchas herramientas y cuestionarios para ellos, pero es importante contrastar los resultados en este esquema global porque las inclinaciones del estudiante estarán condicionadas por el estado de todos sus factores.

Este esquema recoge todos los factores que se vienen utilizando por separado en la orientación vocacional desde hace décadas (Sánchez et al., 2017)[1] y que nosotros hemos agrupado formando una unidad fenomenológica.

Así, conviene

  • El apego con el padre, la madre y otras personas de referencia
  • El ambiente del hogar.
  • La situación socioeconómica de la familia.
  • La presión o indiferencia de los padres ante la carrera
  • Las características del centro educativo
  • Los estereotipos sociales, a que se dedica la gente de mi entorno, qué salidas profesionales me ofrecen más seguridad, poder o prestigio- Cual ha sido la vivencia del estudiante en cuanto al éxito académico y social, cuales son sus expectativas y convicción personal. En fin, son muchos los factores que convendrá tener en cuenta, pero sin duda, sus intereses y preferencias son un indicio claro de su futuro profesional, al menos para descartar posibles alternativas.

Las preferencias vocacionales no siempre están regidas por la originalidad de la persona (Stein, 2007), sino que están condicionadas por las experiencias y las influencias exteriores.

Lo ideal es ayudar al estudiante a saber diferenciar lo que prefiere en conciencia, lo que quiere de corazón, de aquello que loprefiere para adaptarse al medio, asegurarse un porvenir, complacer a otros y ser aceptado en su entorno[2].

Para saber lo que uno prefiere debe ser capaz de salir de su egocentrismo (Elkind, 1967). No es lo que “yo prefiero”, sino lo que prefiero “yo y mi circunstancia” como diría Ortega y Gasset, ese sería un “yo” abierto, maduro. El “yo” que prefiere con fundamento, madurez y originalidad de verdad.

El “yo” inmaduro y cerrado, prefiere con vanidad o miedo, paradójicamente, no prefiere lo mejor para sí con autenticidad.

Para conocer la madurez de las preferencias en bueno captar las preferencias personales manifestadas por el estudiante que pueden expresarse de tres formas, dos inmaduras y una madura.

Las preferencias personales inmaduras pueden ser egocéntricas, alocéntricas y en algún caso, nosicéntricas. Las preferencias maduras son siempre nosicéntricas (Künkel, 1940; Martínez-Domínguez, 2020).

  • Las prioridades egocéntricas son aquellas en las que el “yo” está por encima de todo y los demás quedan en un segundo lugar o al servicio del “yo” de un modo u otro)
  • Las prioridades alocéntricas son aquellas en las que el “yo” está dispuesto a sacrificarse para servir los intereses de los demás. De entrada, puede parecer muy honorable, pero si el “yo” desatiende o deja ser pisado en intereses básicos al final se convierte en un objeto para el “tú” y se da de tal modo que deja de ser dueño de sí mismo para seguir dándose, si no es que queda de hecho destruido o consumido por el “tú”. Esta forma de darse no trae como consecuencia un nosotros-maduro, ni la auténtica felicidad del “tú” y menos aún, la felicidad del “yo” que se aniquila.
  • Las prioridades nosicéntricas son aquellas del “yo” que le interesa mantenerse en la mejor forma posible para permanecer dando lo mejor de sí al “tú” formando un nosotros-maduro, sin tolerar abusos por parte de los demás.

Las prioridades egocéntricas son inmaduras porque el “yo” se ama sí mismo y al “tú” lo ama como útil o posesión de sí. El alocéntrico quiere ser amado por el “tú” y en muchos casos ama al “tú”, pero se deja utilizar y poseer con tal de sentirse útil o valioso, porque no se am a sí mismo, no se considera valioso por sí mismo.

El nosicéntrico es maduro porque supone un amarse a sí mimo y amar a los demás por sí mismos, pase lo que pase, será inmaduro si esos amores son deficientes, en definitiva, se ama poco a sí mismo e igual de poco a los demás.

Las preferencias profesionales podrían ser las siguientes (sirvan como ejemplo):

Preferencias inmaduras egocéntricas Preferencias inmaduras alocéntricas Preferencias personales maduras nosicéntricas
Tener de todo Que los demás tengan de todo Tener todo lo conveniente y que los demás también lo tengan
Satisfacer los propios intereses hasta el punto de manejar la libertad de los demás Satisfacer a los demás (para que no me rechacen, para sentirme útil, valioso…) Satisfacer las propias necesidades y la de los demás con libertad y respetando la de los demás
Cobrarse todos los servicios y ayudas prestadas. Hacer, pagar o ceder de forma injusta para que reine la paz o nadie tenga nada contra mi. Darse al nosotros-maduro sin vivencia de sacrificio, sabiendo que eso que doy al “tú”, me lo estoy dando al “yo” en el “nosotros”.
Verse merecedor de sacrificios de los demás para satisfacer su interés, porque se lo deben, “me lo he ganado” Sacrificarse hasta el punto de aniquilarse por el egocentrismo de otro, “se lo debo todo”. Estar dispuesto a sacrificar el “yo” por el “tú” del que soy responsable, dentro de la responsabilidad que libremente he aceptado o elegido
Sentirse ofendido o resentido con los demás. No personar   Sentir la necesidad de aplacar resentimientos y ofensas. Sentir culpabilidad Disculparlo todo Perdonar siempre y pedir perdón, pero consentir que se haga justicia (no disculpar ni excusar al dañador), asumir las consecuencias de los propios aptos con humildad y agradecer la clemencia regalada.

Estas preferencias personales pueden condicionar las decisiones en el proyecto de vida, lo que requiere cuidar los periodos de discernimiento para diseñar un proyecto de vida maduro.

En cuanto a las preferencias profesionales, una posible clasificación sería la siguiente (Adaptación de Rivas, Rocabert, y López, 2003):

  • Formación Profesional técnico-mecánica, de servicio a las personas a través de las cosas y las producciones.
  • Formación Profesional técnico-humanitarias, de servicio a través de las relaciones humanas y la mejora personal.
  • Fuerzas de seguridad y ciencias del deporte
  • Ciencias artísticas (Música, Danza, Teatro, Artes plásticas)
  • Ciencias Humanísticas (Literatura, Lenguaje, Historia)
  • Ciencias del desarrollo personal (Pedagogía, Psicología, Educación)
  • Ciencias de la Comunicación (Audiovisual, periodismo, sociología
  • Ciencias económico-jurídicas (economía, derechos y combinaciones)
  • Ciencias Biosanitarias (Medicina, Farmacia, Psicología clínica, fisioterapia, Biología, Física, Química
  • Ciencias tecnológicas (Ingenierías, arquitectura, matemáticas, mundo del soporte digital)

Y dentro de cada ámbito, el estudiante preferirá unos estudios u otros en función de diversidad de variables, pero las alternativas globales no son tantas.

La cuestión es saber por qué y para qué prefiere esto o aquello. Es clave, que el estudiante tenga preferencias llenas de sentido y maduras, pues, aunque pudiera estar equivocado, estaría acertando (Polo, 2017).

Los intereses son indicios simbólicos de lo que se prefiere de corazón. Ya desde infantil, los niños muestran interés por ciertas vivencias y por determinadas profesiones alegóricas.

  • Arreglar cosas,
  • Diseñar soluciones.
  • Enseñar, ayudarles a crecer
  • Cuidar, defender o rescatar personas
  • Cultivar, cuidar la naturaleza, los animales
  • Crear o expresar belleza

¿A qué le gustaba jugar? ¿Qué regalos recuerda con mayor interés? ¿Qué iniciativas tiene sin que nadie se lo pida? ¿Qué asignaturas prefiere? ¿Qué temas le gustan más?

En conclusión, si bien te ofrecemos los recursos convencionales, desde Third Factor queremos que los estudiantes sean libres en sus decisiones y tu seas dueño de tus orientaciones. Te invitamos a orientar a fondo, desde la libertad y para la libertad (Polo, 2017).

Recursos:

https://www.careeronestop.org/toolkit/careers/interest-assessment.aspx
https://nationalcareers.service.gov.uk/

Intereses y preferencias de los padres

Los padres tienen también sus intereses y preferencias personales en relación con el futuro profesional y personal de su hijo, siendo uno de los factores ambientales más condicionantes de los estudiantes. No sólo por el momento de la decisión, sino por el historial de apego (seguro o inseguro) que condicionará de forma significativa la autoconfianza para tomar decisiones importantes.

Es prioritario aplicar la reflexión en relación con las preferencias personales en los padres.

Los padres nosicéntricos pueden suponer un apoyo maduro en beneficio de la decisión de su hijo o un influjo inmaduro si son egocéntricos o alocéntricos (es habitual la relación de egocéntrico con alocéntrica), sobre el que un orientador convendrá que trabaje con el estudiante para que no se deje arrastrar por la inmadurez de sus padres.

Si los padres manifiestan rasgos de inmadurez emocional o disfuncionalidad educativa, convendrá que el orientador ayude al estudiante a regenerar su autoconcepto, su autoestima, su identidad, la seguridad en sí mismo, su autoeficacia y el reconocimiento de su originalidad.

Esta situación es más común de lo que se pueda pensar. No es una cuestión de clase social o nivel de competencia profesional de los padres, sino que se aprecia entre padres altamente cualificados en lo profesional y con alto poder adquisitivo pero con un corazón mezquino o temeroso que no ayuda al hijo decidir con grandeza de ánimo, ni libertad.

Cuando a los docentes no les interesa la orientación

Volvemos a la primera parte del artículo, el profesor abrumado por los problemas y faltos de recursos interiores y comunitarios, se atrinchera en su egocentrismo y no va más allá del mínimo de enseñar su materia, olvidándose de que lo principal son las personas a las que enseña.

Es lógico que a un docente no le interese la orientación enlatada de elegir unos estudios, pero cuando la orientación destila algo más de espíritu y se aprecia que no solo se busca que el estudiante acierte en lo que quiere estudiar, sino que acierte en su vida y entre todos cambiemos el mundo, entonces son más los profesores que se empiezan a interesar por la orientación.

El orientador es el primero que debe ser nosicéntrico y pensar bien de sus compañeros docentes, empatizar, comprenderles, escucharles, pedirles ayuda (no ir de sabelotodo) y aprender. Entonces se forma un ambiente de compañerismo auténtico, de equipo y así da gusto educar.

Sal de tu despacho, dedica tiempo a los profesores, no les des lecciones ni les ofrezcas “soluciones” que suponen más trabajo. Ayúdales de verdad y se un catalizador del equipo: juntos somos más que la suma de nuestras individualidades.

Intereses y preferencias en el ambiente ¿tiran hacia abajo o hacia arriba?

El ambiente que tira hacia abajo es aquel que promueve la neuro-recompensa, es decir: dopamina, oxitocina y opiáceos endógenos. Es la cultura que estimula la parte primitiva del cerebro y la persona queda empequeñecida en un mundo de recompensas de bienestar subjetivo. Es la cultura egocéntrica que busca placer y aceptación. Es un ambiente equilibrista en el que hay que aparentar ser amables o admirables para ser aceptados, a la vez que se practica el egoísmo sin que se note. Es una cultura del “Yo”.

El ambiente que tira hacia arriba, pero asfixia. Es la cultura alocéntrica, en la que se diviniza la donación y se demoniza el egocentrismo; que es su versión madura es clave para la autoposesión. Se habla de “entrega” hasta el punto de entregar las llaves de la propia felicidad, y en esa cultura se aplaude el voluntarismo, el hacer, el olvidarse de sí mismo, hasta quemarse o rebotarse. Es una cultura del “Tú”.

En estas dos culturas opuestas se puede aguantar varias décadas, pero llegado los 40 o 50 años, las personas se encuentran muy dañadas en su corazón.

El ambiente que tira hacia arriba con originalidad es la cultura del nosotros, del nosotros maduro. Los anteriores ambientes son más o menos, “falsos-nosotros”, que seducen, pero no satisfacen. El “nosotros-maduro” es un ambiente en el que no se utiliza a las personas, se las quiere como son en sí y se las ayuda a desplegar su originalidad para llegar a autoconfigurarse como la mejor versión de sí mismo con libertad de corazón (libertad auténtica).

El primer ambiente es el común de entorno de consumo y búsqueda insaciable de nuevas sensaciones. El segundo ambiente es el común de entornos que buscan resultados, logros, metas ambiciosas, que pueden ser de gran solidaridad y grandes deseos de amor y paz para el mundo, pero el activismo y la presión de las estructuras socaban la originalidad de la persona y el saberse valioso infinitamente por el mero hecho de existir. Una persona no vale lo que valen sus logros, y al ver pasar los años y comprobar la escasez de logros y la falta de autenticidad, la persona puede desorientarse significativamente, más si es una persona sensible.

El tercer ambiente es el de la entrega auténtica, en la que la persona es dueña de sí misma en todo momento, lo que le permite entregarse a cada instante, vivir con alegría el presente (el regalo) como una novedad irrepetible y maravillosa, a pesar de los pesares. Es un ambiente de madurez, en el que las personas se quieren de forma auténtica, apreciando la originalidad de los demás, admirándola, queriendo a cada cual como es y dentro de esa diversidad, se viven en un ambiente fecundo de creación imparable que termina por aportar sensaciones más profundas y maravillosas, y logros extraordinarios que de otro modo serían inalcanzables.

En los “ambientes de fe”, ya sea cristiana, judía o islámica, el primer ambiente es considerado negativo, pero en muchas ocasiones se aplaude el segundo ambiente de voluntarismo, pero paradójicamente, se sustituye la razón y la voluntad por la fe. El racionalismo y el voluntarismo terminan por quemar la fe. Esto puede llevar a una fe sensibloide que promueve la neuro-recompensa, pero el auténtico ambiente de fe es aquel que decía Pascal “El corazón tiene razones que la razón no entiende” y es ahí donde se vive de corazón, de afectos e inspiraciones y no solo de propósitos basados en meros sentimientos o razones.

El interés desinteresado: para orientar de corazón

Se oye decir: “Interesa que haya más mujeres que elijan STEM”, “Interesa promover las Humanidades”.Interesa promover la Formación Profesional”… Pueden interesar muchas cosas, a mucha gente, en muchos sitios desde perspectivas diferentes, pero lo que realmente debe interesarle al orientador es asesorar de manera desinteresada, con el único interés de ser un gran profesional y de que sus asesorados decidan en conciencia y no por las presiones del momento. El orientador tiene que poner esas presiones en su sitio y dejar que el estudiante note la presión de su propio corazón.

Los padres tienen miedo a estos planteamientos, sin embargo, solo se es feliz si se es libre de verdad para amar de corazón. Por tanto, siendo razonable el miedo a la inmadurez de los hijos, también se debería tener miedo a conducir a los hijos por senderos a los que no se ven llamados en conciencia.

Un plan de orientación de cualquier institución educativa debe tener mucho de este saber decidir de corazón, para ayudar a los alumnos a diferenciar los múltiples ruidos interiores de la música de su originalidad, y a los padres, confiar en el potencial de su hijo y no basar sus juicios en lo que de momento tienen actualizado, que es casi nada.

Bibliografía

Dabrowski, K. (1966). The theory of positive disintegration. International Journal of Psychiatry2(2), 229-249.

El Mrabet, H., & Moussa, A. A. (2021). IoT-school guidance: A holistic approach to vocational self-awareness & career path. Education and Information Technologies, 1-18.

Pilz, M., y Li, J. (Eds.). (2020). Comparative Vocational Education Research: Enduring Challenges and New Ways Forward. Springer Nature.

Kerka, S. (2000). Middle school career education and development. ERIC Clearinghouse on Adult, Career, and Vocational Education, Center on Education and Training for Employment, College of Education, the Ohio State University.

Slot, E., Akkerman, S. y Wubbels, T. (2019). Adolescents’ interest experience in daily life in and across family and peer contexts. European Journal of Psychology of Education34(1), 25-43.

Stein, E (2007) Obras Completas II. Escritos filosóficos. Etapa fenomenológica. Editorial Monte Carmelo: Madrid.

Peterson, C. y Seligman, M. E. (2006). The values in action (VIA) classification of strengths. A life worth living: Contributions to positive psychology, 29-48.

Elkind, D. (1967). Egocentrism in adolescence. Child development, 1025-1034.

Künkel, F. (1940). Del yo al nosotros. Barcelona: Luis Miracle.

Martínez-Domínguez, L. M. (2020) Fundamentos de la Educación. Madrid: FERSE

Sánchez, M. F., Álvarez, M., Arraiz, A., Ceinos, C., Fernández, E., Sabirón, F., & Suárez, M. (2017). Orientación para el desarrollo profesional. Madrid: UNED.

Rivas, F., Rocabert, E. y López, M. L. (2003). Sistemas de autoayuda y asesoramiento vocacional (SAAV): SAAV-r, SAAVI: manual profesional. EOS.

Polo, L. (2017). Antropología Trascendental. Pamplona: EUNSA


[1] Para ver los diferentes enfoques y las últimas tendencias, sugerimos las siguientes revistas científicas Journal of Vocational Behavior, Vocational Guidance Quarterly

[2] Los conceptos “conciencia” o “corazón” no son considerados por la ciencia experimental de la modernidad, que los descarta por su incapacidad para medirlos, pero cuentan con una tradición científica de siglos desde la antropología y la fenomenología. Ahora también, es aceptada por la Psicología Positiva que considera la dimensión espiritual como un factor más a tener en cuenta en la persona y las relaciones humanas (Perterson y Seligman, 2006).

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