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by Eduardo Becerra / agosto 10, 2022

Mi infierno

Hay muchas maneras en que todo puede salir espectacularmente mal, pero existe un infierno particular, con dedicatoria: mi infierno.

Hay muchas maneras en que todo puede salir espectacularmente mal, pero existe un infierno particular, con dedicatoria: mi infierno.

Estar en un sofá, viendo Netflix, sólo, sin esposa y sin familia, indeciso, gordo, vago; dependiente y con pena de mí mismo, quejándome de cómo la vida me trató tan mal. Tal vez trabajando 8 horas en algo que detesto, solo para poner pan en mi mesa, pero sin ninguna ambición. Cómodo, en mi metro cuadrado, casado con mi soledad egoísta, dando vueltas a mí mismo, sin tomar ningún riesgo y siempre apostando a lo seguro pero cobarde.

Todas mis pasiones gigantes me devoran. Sigo viviendo con mis padres y no tengo ningún plan de independencia; cero ejercicio, cero arte, cero música, cero vida social, porque todos mis amigos están en otra etapa de la vida y yo no, totalmente cínico, lleno de ansiedad y depresión, sin una visión de futuro, perezoso, sin la necesidad de tener una visión de futuro porque sigo viviendo igual que siempre; siendo un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, esperando que mis padres se encarguen de mí.

Sin asumir responsabilidad de mis acciones, justificándome con razones muy bien pensadas del porqué de mi situación: “es que soy hijo único y por eso tengo que estar con mis padres para cuidarlos”, “es que…” Resentido con todos mis amigos y familiares que están alcanzando algo con su vida, envidiándoles secretamente. Paralizado, sin moverme, enamorado del hoyo asqueroso que yo mismo he cavado y del que no quiero salir, adicto, tomando paliativos que alivien todos los campos de mi vida que no estoy atendiendo, para no tener que arriesgarme a ver la verdad. Sin una fe arraigada, pura duda y ninguna certeza que me deje actuar. Sin nada que ofrecer a la sociedad, estancado en una pseudo sabiduría, un sinsentido, sin norte, sin ninguna aventura, un dejarse llevar. Puro engaño a mí mismo, esclavo del confort, viendo al techo, sintiendo el tiempo pasar sin aprehenderlo, viendo hacia afuera todo lo bonito sin poder traerlo adentro.

Photo by Saad Chaudhry on Unsplash

Corrupto, no servicial, pensando que se me deben cosas, que yo me merezco ser servido, adaptándome a situaciones difíciles, pero nunca serán lo suficientemente difíciles como para motivarme a tomar las riendas de mi vida. Escogiendo siempre lo más fácil, escudándome en el eterno continuo de “sigo pensando qué quiero hacer”, inactividad disfrazada de plan; sin la necesidad de salir a ganarme la vida.

Triste, débil, ignorante, orgulloso, prepotente, insoportable, puro plan y nada de ejecución. Renunciando a todo lo que se vuelve difícil, sin capacidad de trabajo, sin experiencia, con excusas para no conseguirla.

Los demás me tienen pena. Sin un horario establecido, sin ningún tipo de credibilidad en un campo profesional, pasivo, esperando a que llegue el momento perfecto, consciente de que si llega el momento perfecto no seré lo suficientemente valiente o sabio como para aprovecharlo, sabiendo que yo soy el culpable pero sin la más mínima voluntad de tomar cartas en el asunto.

Autocompasivo, apático, tóxico, totalmente inmóvil.

Este, es mi infierno.

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